Después de mucho tiempo, y de muchas ideas apenas esbozadas (y trágicamente perdidas en el naufragio informático), desperezo mis neuronas, que les hace falta y me pongo a ello, con la primera frase fantástica que he leído, la pregunta era ¿Cuándo sabes si el amor que sientes es verdadero o sólo una forma de llenar partes de tu vida que estarían vacías? Y la reflexión –la que me ha gustado-: “Basta con obtener la respuesta a la siguiente: ¿qué eres capaz de sacrificar por la otra persona con la que compartes tu vida?”…
Me gusta la idea. Porque es en gran parte verdad, y da la medida de lo que amamos… o tal vez no… Mis preguntas de hoy, las que me hago y las que hago, van hacia nuestra capacidad de amar, hacia la cantidad de amor que podemos dar sin perdernos, hasta llegar al punto en que ponemos la frontera entre lo damos al amar, lo que arriesgamos cuando amamos y el momento en que ya no podemos dar más. ¿La medida del amor es cuánto podemos hacer por quien amamos? ¿Lo que damos con alegría, a lo que renunciamos sin quejarnos, lo que nos compensa claramente? ¿Lo que entendemos por sacrificarnos, lo que aceptamos del otro sin gustarnos, las renuncias a las que ponemos nombre cada día? ¿El sacrificio es amor? ¿Las renuncias que hacemos en nombre del amor siguen siendo renuncias si nos compensan? Y si yo renuncio a algo que me es querido por mi amor, y él me lo consiente… ¿quiere decir que me quiere menos que yo a él? ¿En qué punto hay que sentir que al final se es uno, que la individualidad está por encima del conjunto, que a veces hay que decir no para volver a sentirse, no bien pero sí una persona única?... A fin de cuentas… ¿Cuál es el momento exacto en que hay que dejar de dar?
Me asombra (o no, porque desgraciadamente yo también he sido sujeto/objeto de la situación) cuantas veces hacemos sacrificios pequeños o grandes por nuestra pareja, o por nuestro amor y en ese momento nos parecen justos y necesarios. La fuerza que nos da ese sacrificio o esa renuncia, un poco como la anoréxica que deja un bocado en el plato cuando se muere de hambre pero se siente fuerte y poderosa. Y después, en los malos momentos, cuando el periodo rosa se desvanece en muchas ocasiones echamos por cara a la otra persona tal o cual sacrificio que hicimos por ella. En la mayoría de ocasiones, descubriríamos persona jamás se dio cuenta de nuestro sacrificio, o con muy buen criterio nos dice que jamás nos lo exigió. Y nos quedamos pensando en cuantas cosas hacemos por amor (y por otros motivos) que nunca son valoradas porque son desconocidas… y en cuantas veces somos capaces de ser mezquinos hasta con nuestros sentimientos. Ponerle precio, valor, tamaño o peso a una acción que en su día hicimos queriendo es uno de los actos más ruines que podemos cometer. Y sin embargo, el que esté libre de pecado que tire la primera piedra…
Y sin embargo, no dejo de preguntarme… ¿qué es sacrificarse por amor? Si yo renuncio a algo que deseo, que me hace feliz o que me interesa por la relación o por mi pareja… ¿realmente eso es un sacrificio para mi? ¿No es simplemente una forma de priorizar lo que yo considero más importante, en este caso el bienestar de mi pareja o el futuro de mi relación que mis propios deseos? Si yo considero que renunciar a algo va a hacer que en el fondo todo vaya mejor y eso también va a ser positivo para mi ¿es eso un sacrificio?... Pongamos un ejemplo, para que quede más claro (me da la impresión de que me lío yo sola): si yo, en un arrebato decido que mi felicidad está en la meseta castellana (más hacia el centro exactamente) y decido dejarlo todo (menos mis dos mochilas, obviamente) e irme a vivir allí, renunciando a lo que tengo aquí y jugándomelo todo a una carta ¿es eso un sacrificio?... Para mí evidentemente, no, porque pienso que mi vida puede ser infinitamente más rica en SU compañía. Puedo tal vez considerarlo una renuncia, puesto que dejo personas, cosas y relaciones que me interesan por irme a una cuidad que me es extraña, pero no sería un sacrificio en el momento de hacerlo porque lo hago porque espero algo mejor, o por lo menos que llena aspectos de mi vida que considero imprescindibles.
Para mi sacrificarse por alguien, por el amor de alguien, es poner el bienestar de esa persona por delante del nuestro sin esperar nada a cambio. No es renunciar a lo que deseamos por verla feliz (porque hay algo de felicidad en el hecho simple de ver la felicidad de los que amamos), ni de buscar la felicidad propia esperando compartirla con el ser amado a pesar del precio que debamos pagar, sino el altruismo puro de hacer lo posible para que la persona a la que amamos pueda alcanzar su potencial y llevar una vida plena, sea a nuestro lado o dejándola libre. A veces, el sacrificio supremo es entender que esa persona puede estar mejor sin nosotros que a nuestro lado, y hay que saber hasta cuando o hasta donde renunciamos a algo o nos sacrificamos.
Por supuesto, me dirán que el amor de verdad es egoísta (si, yo también pienso que lo es… es amor, como dios, puede ser todo…) y que si amas no puedes ni quieres imaginar que esa persona pueda ser feliz sin ti a su lado. No quieres imaginarla viviendo una vida lejos, o con otra persona, o sin pensar en ti. Y piensas que harías cualquier cosa, que sacrificarías todo por tenerla contigo… bueno… tal vez el egoísmo, como el altruismo sean las dos caras de la misma moneda que conforma el amor… Y tú… ¿a qué estarías dispuesto a renunciar o qué sacrificarías por la persona a quien quieres…? ¿Y qué estarías dispuesto a perder o a cambiar por conservar su amor…?

Escribe un comentario